No compliques la vida.

Si querés ver a alguien, invitalo.

Si querés que te entiendan, explicá.

Si tenés dudas, preguntá.

Si algo no te hace bien, corregilo.

Si algo te da paz, cuidalo.

Si hay algo que deseás de verdad, trabajá por ello.

Si se pone pesado, pedí ayuda.

Y si amás a alguien, decilo.

Porque la paz no nace del control.

Nace de hacerte cargo de lo que sí está en tus manos,

dejar de pelear con lo que no

y entender algo simple pero poderoso:

Vivir en calma no es tener todo bajo control,

es tener el coraje de actuar con claridad y la madurez de soltar sin culpa.