Mañana comienza otro, y me siento como un barco de papel:

liviano para soltar el peso,

pero con tinta en las venas

y la convicción de seguir navegando.

Este año me regaló olas que me hicieron más fuerte,

cambios que me empujaron a crecer

y tormentas que limpiaron mi horizonte.

No me rompí… me reconstruí mejor.

Agradezco el amor que me ancla,

mis hijos que son mi norte,

y la familia que me recuerda

que siempre vale la pena remar.

Mañana zarpo de nuevo,

con las cicatrices como brújula,

la proa firme hacia lo que viene

y la certeza de que cada marea

me llevó exactamente al lugar donde debía estar.